En aquel verano amazónico del 95 Martino y su hijo adolescente fueron de camino al bosque por encima del Riachuelo que terminaba su agua color café en el río Mayo. Caminaron varias horas buscando un ternero travieso que acostumbraba huir a potreros y al bosque contiguo. Ese día madrugaron y le siguieron el rastro que daba hacia el bosque que estaba riachuelo arriba hasta perderse. Continuaron su camino encima de las pequeñas cascadas hasta pasar por el cañón del peńasco y encontrar bosque mas profundo. En ese camino Alfonso el hijo de Martino disfrutaba los árboles inmensos y sobre todo a un presumido renacal longevo y gigante que parecía una casa de duendes que como contaban las fábulas, todo su mundo se privó cuando vio aparecer una sombra en las ramas que le empezó a lanzar frutos y pequeñas ramas. Era un enorme oso que le dejó sin habla, como una pesadilla que no se quiere despertar no podía gritar, mientas su padre avanzaba hacia el bosque. El oso le miraba y como si int...
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